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Michael Kosak |
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Mi "First Date” con Swamiji Balendu ............ - Dr. Michael KosakPrólogo El encuentro con Swami Ji en Mayo del 2001 fue todo un honor para mí. La amistad que surgió entre las dos familias es una de amor y significa mucho para todos nosotros. Llegados a este punto me gustaría compartir las circunstancias y ocurrencias que llevaron, durante un vuelo a Mallorca el 27 de Mayo de 2001, a mi encuentro con Swami Ji. Fueron tan extrañas y especiales, que un año después le dedique un libro a las experiencias y desarrollos que surgieron de ello. Esta es la historia o “serie de eventos” durante mi “primer contacto”: Para tener una perspectiva correcta sobre esta historia he de decir que nuestro primer encuentro tuvo lugar el 24 de Diciembre del año 2000; solo que yo no tuve conciencia de ello. El 24 de Diciembre recibí inesperadamente una tarjeta navideña de mi buén amigo Bernd Dietrichs con el que había trabajado años antes. La tarjeta mostraba dos dioses de la india abrazandose pero que yo no pude identificar. Por ese entonces yo acababa de viajar extensamente por India pero sin haber adquirido conocimentos más allá de lo básico sobre su religión. Guardé la tarjeta y de vez en cuando le echaba un vistazo. -----pasó el tiempo----- En Mayo del 2001 mi mujer Andrea se fue de viaje con amigos a Mallorca. El plan era que yo acabara en el plazo de una semana mi trabajo y la siguiera con nuestro hijo Ravael. Yo esperaba con alegría el viaje y me sentía lleno de expectación. Estaba relajado y abierto a nuevas experiencias. Concorde a mis emociones, durante el vuelo llevé pantalones blancos y una camisa de color naranja brillante. La vida me iba bién, me sentía bien. Despues del check-in en la terminal 4 del aeropuerto de Hamburgo, Ravael y yo nos sentamos a relajarnos un rato. Teníamos tiempo de sobra y nos pusimos a observar los quehaceres del aeropuerto. Dentro de las masas de pasajeros, depronto, divisé un jóven vestido en mantas blancas, con una larga melena de cabello negro y barba. El joven se movía de una forma distinta a los demás. Parecía fluir lentamente entre las masas. La calma que irradiaba llegó hasta mí y me recordo de la meditación. Le dije a Ravael: “Mira, ahí camina un verdadero rey”. Estabamos fuera del campo de visión del gracioso rey y tomé la oportunidad de hacer algunas compras. Compré un perfume para mi mujer y otro para mí. Estaba de tán buen humor que también compré algunas botellas de champán. Mientras esperabamos el enbarquee, nos sentamos a observer el despegue y aterrizaje de los aviones. Dentro de mí volvió a surgir esa sensación de paz intrior, y al mirar a mí alrededor ví al noble joven lleno de gracia. Estaba totalmente fascinado. Me puse feliz pensando que probablemente también estaba volando a Mallorca. Que era de la India me pareció más que obvio. Ravael tenía en ese entonces 5 años y yo tomé la conclusión que se dormiria bastante rápido una vez que hubiesemos despegado. Esto me dejaría unas dos horas y media como mucho para contactar a este interesante joven de la India. Como el vuelo estaba medio vacío, yo compartía toda una fila con Ravael. El hombre desconocido se sento solo unas filas más atrás que nosotros. Me dije a mi mismo que debía de ser paciente y esperar un rato la oportunidad de hablar con el cuando el o yo fueramos al lavabo. Como habia sospechado, Ravael se durmió en cuestión de minutos. Luego el, como había sospechado, fue al lavabo. Tomaría la oportunidad cuando se devolviera a su silla. Cuando, devolviéndose, pasó por mi silla lo saludé diciendo: “¡Hola Swami!” Instinctivamente pensé que mi saludo habia sido demasiado directo, pero, sea como sea, el joven paró y me sonrió. “¿Adonde va?” le pregunte. “Que hará en Mallora?” pregunté entonces. Por alguna reazón se me vinieron las imágenes y la melodia de uno de los hits musicales de los 70 a la cabeza: “Preacher Man”. Respondí “¡Maravilloso!” e hize campo en nuestra fila para que se sentase. “¡Yo también medito!” dije, soñando con meditar algún día con el. “¿Dónde se aloja en la isla?” Fue mi próxima
pregunta. Me contó entonces que el era de Vrindavan, un pueblo no muy lejos de Agra. Nunca había oido hablar de Vrindavan y me sentí perturbado con el hecho de nunca haber oído o visitado ese lugar sagrado después de haber visitado la India tantas veces. Me calme un poco pensando que queda cerca de Agra y del Taj Mahal, lo que me dio una idea de su ubicación. Eventualemnte le pregunté su nombre. Respondio: "Goswami Balendu" Pero la verdad es que lo había malentendido. Le
pregunté el significado de su nombre y el me dijo:
“Balendu significa pequeña luna.” Las palabras “pequeña luna, pequeña luna” se me venían a la mente una y otra vez. Cuando Ravael despertó era evidente que el avión aterrizaria pronto. Balendu me dio su número de teléfono y yo prometí llamarlo. “¡Que comienzo de viaje tan impresionante!” me dije a mi mismo. Treinta minutos mas tarde, con el equipaje en una mano y Ravael en la otra, pasamos seguridad. Esperabamos encontrarnos allí con Andrea, que ya nos estaba esperando ansiosamente. De camino al parking le hable a Andrea de Balendu, ya que ella me había contado que vio a un indio muy interesante saliendo de la terminal y que estaba segura de que yo lo habría contactado durante el viaje !!!Eso sí que es intuición feminina, eh!!! Me pasé todo el lunes preguntándome donde se estaría quedando Goswami. Era obvio que el no tenía ni idea de a donde estaba llendo. Solo tenía el número de teléfono que me habia dado. Aunque extraño, a el le parecia más que suficiente. Estaba de muy buen humor y pensaba llamarlo en la tarde. Como siempre habíamos arrendado un apartamento en Sometimes, cerca de la Playa de Palma. Es muy fácil llegar de ahí a la ciudad. Esa tarde llamé a Balendu. Me contestó una voz india
desconocida y yo pregunté por Balendu. Entonces, en una voz melodiosa: “¿Si, holaaa?” El le preguntó algo en Hindia alguien y me respondió: "Schinkenstraße" (calle del jamón). Me eché a reir al oir tal dirección. Un santo guru en la mitad del infame Ballermann. ¡Genial! “¿Dónde te estas quedando?” Pregunté una vez más, incrédulo. "¡Schinkenstrasse!" “Puedes venir alrededor de las seis al Darshan”, dijo el, sonriendo. Le confirmé que iria, colgé y todo mi ser se exitó pensando en lo que vendría. Mi primera visita la haría yo solo y luego se lo contaría todo a Andrea. El hecho de que nosotros estuvieramos a sólo 10 minutos del "Ballermann" me parecio una grán coincidencia, considerando el tamaño de la isla. Realmente increíble. usto antes de las seis me encaminé a Schinkenstrasse y más o menos bailaba al caminar por las calles, lleno de alegría anticipada. El misticismo de las sombras y la luz del atardecer crearon una profunda sensación de gratitud dentro de mí; ¡me sentía vivo! Antes de entrar al edificio de cuatro pisos al final de Schinkenstrasse me tomé un tiempo para prepararme. Mientras observaba el área y la calle de pronto caí en cuenta de que había una calma y un silencio inusuales. Estaba mirando calle abajo, hacia el mar. Al extremo opuesto de la calle entraron unos coches por un arco de piedra. Toqué el timbre. Se abrió la puerta y pasé al
apartamento en el cuarto piso. Me saludaron dos pares de
ojos indios. l Darshan duró más o menos una hora, creo. El estado de relajación en el que me encontraba me había hecho olvidar el tiempo y no tenía ni idea de la hora. Solo sabía una cosa: ¡me sentía feliz! Al acabar el darshan todos los presentes dejaron alguna clase de regalo para Balendu y el bendijo a cada una de las personas al irse. Me tome unos minutos para dejar asentar la experiencia vivida y me senté cerca de Balendu, en el sofá. Nos miramos profundamente. Mi atención volvió a la habitación y me quede atónito. Ví una imagen en un marco de plata sobre la mesita. Por algún motivo, la imagen me conmovió y le pregunté quien era. Era la foto de un niño tan increiblemente bello que no podría describirlo. ¿No estaba seguro, me recordaba o no a alguien o algo? “Ese es mi maestro” respondió Balendu. Una vez más, lo único que pude decir fue “¡vow!”. Me
levanté y me fui. Mi camino devuelta a casa pasaba por la playa en la bahía de Palma. En la luz del atardecer, la cordillera de Tramuntana resaltaba en un fondo de rojos, amarillos y naranjas. Durante la cena le conte la experiencia a Andrea y Ravael. El próximo día llamé a unos viejos amigos que llevaban viviendo en Mallorca desde mitad de los años noventa y que no vivían muy lejos tampoco. En cada visita encontramos una razón para vernos, cenar y festejar juntos. En cuanto les conté mi historia ellos también quisieron conocer a Balendu. Ese martes por la tarde volví a llamar a Balendu. “ ¡Claro que pueden venir todos juntos!” dijo Balendo. “Gracias. Vendremos.” Le respondí con una grán sonrisa en la cara. A las once en punto nos reunimos todos en la infame Schinkenstraße- ¡un prejuicio que no resultó justificado! Regina y Rainer habían traído a sus dos hijos, y Andrea y Ravael me acompañaban a mí. El sol brillaba intensamente y nos apaleaba tanto calor. Los “siete peregrinos” entraron en el edificio, llegaron al apartamento y fueron bienvenidos por uno por uno por Balendu, el cual entró a la habitación vacía en el mismo estado que yo había experimentado el otro día. Despues del mismo ritual comenzó una grán ronda de discusión donde cada cual podía decir o preguntar lo que tuviera en mente. Al rato Balendu nos preguntó si queriamos ver un video de el en la india. “Pero claro que sí” fue nuestra respuesta, llena de exitación. La primera parte del video mostraba la escena del 10 de septiembre de 1997 en Vrindavan, cuando Balendu se internó en la cave. Se había afeitado el cabello para la ocasión. Calculé que tendría unos 25 años de edad por ese entonces y me pregunté que motivos podía tener un hombre tan joven para retirarse del mundo por unos años? La segunda parte del vídeo fue grabada el 24 de Diciembre de 2004. Me acorde de las navidades en alemania. La escena era la de la apertura de la pared que sellaba la entrada a la cave y el retorno de Balendu al mundo real exactamente 3 años y 4 meses despues de internarse en la cave. Me pregunté cómo algún ser humano podría aguantar tal isolación. A todos nos conmovieron profundamente las imágenes que solo crearon más preguntas dentro nuestro. Algunas de ellas me tomaron semanas, meses, incluso años para digerirlas. Balendu nos comentó que el próximo día por la tarde
se iría a Londres. Acordamos una hora para verlo y
despedirnos de el en el aeropuerto. Puntuales como un
reloj, los siete peregrinos llegaron a tiempo al día
siguente. “¡Me pueden venir a visitar a la India! Fueron sus últimas palabras al irse y yo instinctivamente le ofrecí que nos visitara en alemania respondiendo: ¡nos puedes visitar en Alemania!”. Con estas palabras pasó el gate y se fue. ¡Los próximos días pasaron de forma agradable y celebrando algunos “rituales” con amigos, incluidoel abrir las botellas de champán! Y bueno, llegada la fecha volvimos a nuestra vida diaria en Alemania. Después de algun tiempo de alguna forma llegó a mis manos la postal que había recibido en navidades del 2000. Esta vez la miré con un poco más de atención. Una de las caras de los dioses se parecía a la cara
que mostraba el dibujo que llevaba Balendu consigo. Solo
que esta cara era de una persona más mayor. El nombre
dado al revés era Sri Ram. Un día de noviembre del 2001 sonó el teléfono. Al cojerlo oí una voz muy característica y que ya había oido antes. “¿Puedo venir a Lüneberg?” preguntó la voz. “¡Pero claro que si Balendu!”, respondí instantáneamente- y comenzé a esperar con alegría el próximo “date” con el.
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